miércoles, 29 de mayo de 2019

EN BUSCA DE SU PROPIA HISTORIA








                  En Darta, una ciudad ubicada en el desierto de Odak  a cien leguas de la Ciudad de Aralkum un joven se escabulle por los pasillos del palacio tratando de evadir a su tutor, la razón de su actuar es simple, tiene preguntas importantes y está seguro que no encontrara las respuestas que ansía  con el viejo maestro ni con ninguna de las siete sabias. Juraría que hay un silencio culpable en todos cada vez que trata de preguntar por sus padres, por la historia misma de su abuelo y bisabuelo. Era como si trataran de borrar algo que cambió drástica mente la vida de todos en Darta.
                    Su nombre es Arin, tiene dieciséis años y es el Rey por derecho propio, hecho que no es significativo ya que el verdadero poder de su gobierno reside en las siete mujeres conocidas como las Siete Sabias, ancianas escogidas para guiar y proteger a Darta.  Son veneradas, obedecidas pero sobre todo temidas. 


                    Su destino está más allá de la biblioteca principal, en el fondo del salón  tras uno de los estantes más amplios se esconde una antigua puerta ya en desuso. Esa puerta empolvada y trabada por los años lleva a un cuarto donde una estantería circular  mantiene en estado durmiente viejos pergaminos, escritos por los escribas reales anteriores a su tiempo. En Darta es costumbre que un hombre lleve un registro de los acontecimientos del reino, es el encargado de velar por la historia registrándola en libros y pergaminos para ser leídos por futuras generaciones. Los nuevos libros suprimen dos generaciones completas, hecho que no pasó desapercibido por el joven rey; por curiosidad y testarudez dejó la prudencia de lado, desobedeciendo por primera vez en su vida a los que con esmero han cuidado de él.
                     Sigilosamente caminó hasta llegar a la abertura que le daría acceso a  la puerta, el moho y los años la hicieron dura y pesada, con esfuerzo tiró de la aldaba, una vez, dos, tres, empeñándose cada vez hasta lograr hacerla ceder poco a poco con un chirrido agudo por el óxido de las aldabas inmóviles por años. Cuando logró su cometido se introdujo por la ligera abertura, no se atrevió a tirar de ella aún más para no atraer a algún guardia o escribiente de los que apostados en la sala de copiado transcribían los viejos textos a nuevos pergaminos, formando con ellos libros empastados con madera y seda.


                    Caminó por el corto pasillo a oscuras, cuando sintió que el espacio se abría encendió la antorcha que traía preparada, alejando con ello una gran cantidad de arañas que formaron su hogar en el recinto. Telarañas de pared a pared tapizaban el lugar, restos de insectos disecados en el suelo y en la estantería los rollos apilados, amarillentos y empolvados por el tiempo lo recibieron.  Arin caminó un poco adentrándose en el aposento, era obvio que en algún momento fue un lugar importante o no habría sido protegido del frío y la humedad. Hoy estaba olvidado.
            Con cautela caminó dos pasos al frente, como si esperara el regaño del tutor o de alguna de las sabias, espero en silencio observando el espacio casi sin pestañear, como invadido por cierto temor a lo que pudiera encontrar. Armándose por fin de valor estiró la mano y recogió el rollo que tenía enfrente, con cuidado tiro del cordel que lo aseguraba y dejó que se extendiera lentamente en sus manos.  El rollo amarillento por fuera pero prístino en el interior, había sido decorado con elegancia y paciencia, muy propio de los textos antiguos que ya conocía. Los colores aún podían verse vividos en el borde, las letras legibles y armoniosas daban la impresión de un cuadro artístico más que un texto propiamente dicho. La caligrafía era impresionante por decir lo menos.


El rollo relata la historia de El Gran Rey Omán, hijo de Harmut Rey de Darta, fechado a catorce años antes de lo que debió ser el reinado de su abuelo. En la historia el Rey Omán fue un hombre vicioso descontrolado que se dejaba llevar por estados de ira y depresión, su hijo Alastair de solo catorce años tuvo a buen juicio llevar una petición a las Sietes Sabias  para que se le permitiera asumir la corona, petición que fue aceptada. El Rey depuesto Omán trato entonces de dar muerte a su heredero, acción que fue detenido por la guarda real del palacio. El Rey Omán fue condenado a muerte a sus sesenta y cuatro años de edad. Era la primera vez que veía el nombre de su bisabuelo en algún escrito. En su interior el muchacho empezaba sentir una extraña emoción, como si le hubiesen dado una pieza pequeña de ese rompecabezas que era su propia historia familiar.
Continuó leyendo un poco más buscando alguna otra mención de su antepasado, encontrando varias referencias a proyectos para la ciudad, fiestas en palacio y otros acontecimientos de relevancia. Así supo de la existencia de una tía abuela llamada Aylah hermana de su abuelo Verdón y de su hijo Ahapem quien murió a los treinta años de edad. Pero era consciente de que debía regresar a sus aposentos, antes de ser descubierto por sus cuidadores. Apagó la antorcha y siguió por el pasillo hasta la puerta, dejando la antorcha en el suelo donde pudiera encontrarla después. Antes de cruzar la apertura el joven miró si era seguro salir, dos guardias hacían su ronda y la oscuridad iluminada por los candiles le previno del tiempo que le había tomado su lectura. Salió tan silenciosa mente como pudo, pensando en conseguir un poco de aceite para las aldabas de la puerta. La cerró con el mínimo de ruido que pudo y regresó por el mismo camino a su habitación. 


Su siervo y amigo Caden lo esperaba ansioso con agua limpia y comida, solo entonces Arin se percató de lo sucio que estaba y de lo hambriento que se sentía. Su hambre era tanto de alimentos como de respuestas, tantas eran sus preguntas que apenas podía esperar para regresar a la sala secreta nuevamente. Caden le preparó la cama y se acomodó en su lugar a los pies de esta, costumbre que se había mantenido en su reino desde tiempos sin nombre.

                

1 comentario:

  1. CReo que ya había leído este capítulo, me extraña no haberte dejado comentario. Lo hago ahora, Volveré a por el segundo capítulo. Me has dejado con la miel en los labios.
    Saludos!

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