miércoles, 5 de junio de 2019

LA AMENAZA VIENE DESDE ADENTRO







            Ya había amanecido cuando su ciervo trajo el desayuno y preparaba su baño, el Rey Arin se sentía muy cansado, su lectura fue agotadora debido al doble trabajo de limpiar antes cada rollo para poder leerlo. Caden lo miraba un tanto preocupado pues se notaba en su rostro que no había dormido lo suficiente. Su anciano Tutor llegaría en un rato para las lecciones diarias de lectura y matemáticas, después debería tener su entrenamiento con el Dragón de la Guardia, un título dado al capitán de  todos  los soldados. Por si eso no fuera poco terminaría sus lecciones diarias en el templo de las Siete Sabias donde recibiría clases de filosofía e historia. Esa era su rutina desde muy pequeño, desde que se quedara al cuidado del reino tras la muerte de sus padres y abuelos.  Consideró dejarlo dormir, tal vez decirle  a las ancianas que estaba enfermo por alguna cosa que comió el día anterior, sí esa era una opción que le permitiría descansar lo suficiente. Pero descartó la opción sabiendo que llamarían al Médico de palacio.   Por otro lado lo conocía desde su niñez cuando fue traído al palacio para que sirviera al joven heredero al trono, sabía que estaría emocionado, que no pararía de hablar sobre lo que encontró, algo muy peligroso dado la situación en que se encontraba, algo que el joven rey ignoraba. 

A pesar de su personalidad bastante mimada e impulsiva Caden le tenía un enorme  aprecio. El día que llegó al palacio el Rey era un  niño recién nacido; en ese entonces el mismo tenía apenas nueve años cuando fue separado de su familia para ser siervo real, cosa que no importó pues al ser el menor su destino sería el de servir a su hermano mayor como la Ley de Herencias de Darta  imponía.  Dispuso su ropa y se sentó en una de las sillas de la mesa central con un libro de poesía en las manos y un café bien cargado para esperar. Su deber era permanecer a su lado y atenderlo, su deber más importante era cuidar de él. 

Como Caden supuso, El rey Arin se despertó alegre a pesar del sueño que aún tenía, entusiasmado  por sus descubrimientos del día anterior. Caden un tanto nervioso de que fueran escuchados le instó a bajar la voz, pero en su juventud el muchacho no captaba la advertencia de peligro hasta que Caden le cubrió la boca con una mano mientras se cubría los labios con un dedo en señal clara de silencio. Haciendo señas le advirtió sobre los oídos siempre alertas dentro del palacio de Darta. 
----Tal vez, su majestad pueda pedir una venia  de sus lecciones el día de hoy. Es un buen día para montar ----
---- Es una gran idea ---- dijo Arin entendiendo ahora la actitud de su amigo. A caballo tendrían algo de espacio y podrían hablar sobre lo que le interesaba en ese momento. 

Llamaron a una sierva para que llevara el mensaje al Tutor del joven y al Dragón de su Guardia, mientras se preparaban para salir a montar durante la mañana. 

En uno de los salones más retirados del Palacio, entre fuentes ornamentadas con escenas de batallas pasadas y jardines  colgantes tres hombres conspiran para derrocar al verdadero poder tras el gobierno, las siete ancianas que mantenían un control de hierro sobre cada asunto de estado. Para lograrlo debían primero eliminar al último rey heredero antes de que este cumpliera la edad para asumir el poder.  En pocas horas el hombre contratado se adentraría en los aposentos del muchacho y lo asesinaría junto con su siervo. No debía haber testigos o cabos sueltos. La paga ya entregada consistía en una sierva de gran belleza y un cofre con oro. 

Arin y Caden iban a paso de trote, alejándose por los sinuosos caminos del bosquecito que rodeaba el palacio central.  Allí Arin empezó a narrarle  la historia completa desde el primer pergamino que leyó hasta el último. Le habló de la posibilidad de tener de algún pariente con vida.


CONTINUARA ….





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